Liderazgo Ejemplar: ¡Necesitamos voluntarios! ¿Quién se alista?

Poco a poco podemos encontrar más superficie escrita en los periódicos especializados y más entradas en los medios digitales en los que se aborda el tema del Liderazgo Ejemplar. Esto, que sin duda se revela como un indicador esperanzador, es insuficiente mientras las decisiones de las personas que gestionan las áreas de desarrollo y formación de las organizaciones, muestren escasa acogida operativa. Ahora los profesionales queremos algo más sólido, más tangible, algo que podamos “llevarnos puesto” a todas partes…  Aquí, el liderazgo ejemplar tiene mucho espacio por conquistar junto a los valores humanos.

Si bien el liderazgo es una competencia valorada en todo profesional que se precie (recordemos el modelo de gestión por competencias), parece que el Liderazgo Ejemplar todavía tiene mucho espacio que ganar bajo de la piel de las personas y, por consiguiente, en las culturas corporativas. Parecía que el liderazgo consistía en hacer que unos y otros tirasen del carro de proyectos invirtiendo esfuerzo en horas de trabajo para con ello, alcanzar y hacer alcanzar unos resultados medibles en porcentajes o ratios. Algo así como llevar la bandera del equipo y que todos se esfuercen por anotar tantos mientras siguen el camino que traza el abanderado.

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Sin embargo, hace falta algo más que enarbolar una bandera (proyecto o equipo concreto) y anotar tantos (lograr resultados), hace falta abordar el plano humano del profesional, el fondo antropológico de su existencia, aquellos planos que le dan sentido a su existencia y a sus quehaceres de trabajo. Reflexionando un poco, nos damos cuenta que nadie puede ser mejor profesional que persona y que el liderazgo ejemplar comienza en la persona y se desborda a todas las facetas de su vida, incluida la profesional. Nunca al revés.

Pretender formar líderes sólidos para lo profesional, en lo técnico, el conocimiento, la experiencia y las habilidades, se evidencia inconsistente cuando quitamos de nuestro horizonte la importancia de la dimensión humana de la persona. Cuando un ingeniero, economista, abogado, periodista, militar, creativo, medico, político, aparejador, analista o policía adquiere unos niveles de desempeño elevados y de alto rendimiento, sin duda nos puede llamar la atención, pero cuando su trato, además, destila cercanía, respeto, coherencia, rectitud, actitud y credibilidad, y están a la altura de la humildad del que los despliega con la naturalidad de sus comportamientos, nos arrastra y los queremos en nuestros equipos.

En un pasaje del evangelio, encontramos la siguiente afirmación: “No imitéis su conducta, porque dicen y no hacen” (Mt, 23, 3), afirmación que nos recuerda en gran medida el estilo de liderazgo que hemos venido ejerciendo hasta ahora muchos de los profesionales que nos considerábamos buenos en liderazgo; un estilo más propio del que se agarra al poder para mandar y estar por encima de los demás, dando prioridad al espacio de desarrollo de su ego y su ombligo profesional, que a ofrecer lo mejor de sí mismo en lo humano para engrandecer lo profesional.

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Así pues, cuando hablemos de Liderazgo Ejemplar, es importante que nos demos cuenta que todo profesional, se construye sobre la persona y demanda en sus interacciones laborales tres elementos básicos: afecto, reconocimiento y actitud.

  • Afecto: Cualquier ser humano -y en el plano profesional, también-, espera recibir afecto de las personas con las que se relaciona. Es decir, espera que le ofrezcan un trato sano, cálido, veraz, cercano, bienintencionado y de acogida en el que se sienta a gusto, un trato que le haga comprender que tiene espacio en el equipo, donde es aceptado.
  • Reconocimiento: Que en las interacciones que tenga a lo largo del día, sus características personales, sus capacidades profesionales, las habilidades adquiridas y las experiencias incorporadas sean tomadas en consideración y puestas en valor sin juicios gratuitos, ni prejuicios negativos, llegando a poner “el contador parcial” de nuestras etiquetas a cero, para, en sucesivos encuentros, ofrecer un respeto humano que facilite el talento emerja y alcance su máximo potencial. Valorar al otro con todo lo que trae, ya que es eso lo que nos hace únicos e irrepetibles, convirtiéndonos a todos y cada node nosotros en una excepción.
  • Actitud: Lo anterior sólo adquiere una fuerza significativa cuando lo entregamos envuelto en nuestra mejor actitud. Un envoltorio de empuje, respaldo, capacidad de reencuentro, positivismo realista, humildad, veracidad y rectitud de intenciones que alienta a que los demás ofrezcan también lo mejor de sí mismos. Una actitud que se vuelve altamente exigente por lo mucho que da y lo lejos que destierra el victimismo en favor de la responsabilidad.

En la Legión Española, tienen un lema que dice “el ejemplo arrastra”, y así sucede. Un cuerpo donde desde el soldado raso hasta el máximo oficial, dan ejemplo con y desde sus comportamientos. Dan ejemplo acogiendo con calidez y efusión al que entra en el equipo, dan ejemplo al valorar qué trae el que se incorpora, sus habilidades, capacidades, experiencias, y dan ejemplo cuando entregan todo lo mejor de cada uno para los demás. Cuando todos dan, todos reciben.

El Liderazgo Ejemplar nada tiene que ver con parecerse al Cid Campeador cabalgando sobre Babieca recorriendo los puestos de trabajo y luciendo gallardía profesional, pasa más bien por bajarse del caballo, y desde una sana humildad, ofrecer lo mejor de uno mismo con llaneza, calidez y cercanía, desplegando la mejor actitud positiva, un coraje que nos de fuerza frente a la adversidad, la solidez de los valores humanos y una férrea gestión del ego propio. El liderazgo ejemplar no empieza en los demás, empieza en ti.

¡Necesitamos voluntarios! ¿Quién se alista?

Borja Milans del Bosch. Socio-fundador de Coaching360

 




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